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A través de este proceso de la digestión
y de la asimilación, de la consumición de la energía
del Sol por la planta a la descomposición de todos los residuos
en el suelo, el carbono se lanza nuevamente hacia la atmósfera
como dióxido de carbono. La evolución del dióxido
de carbono de la materia orgánica es una parte integral del
ciclo vital. Si el CO2 no se desarrollara, el carbón
atmosférico no estaría disponible, la tierra sería
enterrada en humus y la vida no podría existir. Las plantas
y otros organismos autotrofos (productores) necesitan el dióxido
de carbono de la atmósfera para vivir. Sin ella, ningún
organismo heterotrofo (consumidores), que dependen de los productores
para la energía, podría existir.
En el período de un año y bajo condiciones
normales, el cerca de 60% a el 70% del carbón en residuos
orgánicos se recicla de nuevo a la atmósfera como
bióxido de carbono. Cinco a diez por ciento se asimilan en
la biomasa y el resto reside en humus nueva.
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